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Caso Renato Poblete: nuevos antecedentes revelan que habría abusado a una niña de tres años

El abogado Waldo Bown entregó más antecedentes de la investigación realizada en contra del ex capellán del Hogar de Cristo. 

Diario La Tercera hizo pública nueva información con respecto a Renato Poblete, líder jesuita y ex capellán del Hogar de Cristo, quien fue denunciado por abusar sexualmente de 22 mujeres, entre ellas menores de edad. El abogado a cargo, Waldo Bown, afirmó que una víctima se trató de una niña de tan sólo tres años, a quien Poblete habría accedido gracias a la relación sentimental que mantenía con la madre. La menor habría sufrido abusos desde los 3 hasta los 10 años, en la década de 1970.

Junto a ella, Poblete habría abusado de 3 menores más: la primera vez en 1959, a sólo cuatro años de haberse ordenado como sacerdote, contra una niña de 13, a quien abusó hasta que cumplió los 15 años; la última ocurrió en 2002, cuando el padre tenía 78 años, en contra de una adolescente que fue abusada desde los 12 hasta sus 26 años.

Con respecto a los lugares, los más recurrentes fueron su oficina del Hogar de Cristo, el Centro Bellarmino, y hasta su propio auto. Dos casos se dieron mientras cumplía una función meramente sacerdotal: una en acto de confesión, y la otra en un retiro espiritual.

El modus operandi era tomar por sorpresa a las víctimas, con el objetivo de besarlas y agredirlas sexualmente. Actuaba de forma violenta, llegando incluso a los golpes. Quienes sufrieron sus abusos, comentaron gritos que daba el sacerdote como “Te quiero hacer sentir querida”, “quiero darte cariño de padre”, “no te corrái, mierda (sic)”, “te quiero querer de la mejorar forma”.

El ex capellán se internaba profundamente en los nexos familiares de sus víctimas, con el objetivo de encubrirse. De igual forma, aprovechaba la mala situación económica de estas, y les ofrecía por ejemplo trabajo, becas estudiantiles, vacantes en colegios privados, e incluso les entregaba dinero con el fin de pagar créditos hipotecarios. En cada reunión, el sacerdote alardeaba que tenía contacto con gente “poderosa”. De ésta forma, se transformaba en el sacerdote de cabecera de la familia: realizaba los bautizos y matrimonios, participaba de vacaciones familiares, además de ser su confidente.

Ésta misma situación era enrostrada a las víctimas durante los abusos, con frases como: “Sin mí, ustedes no podrán comer” o “acuérdate todo lo que yo hago por tu familia”. Al mismo tiempo, el padre agredía psicológicamente a las víctimas, diciéndoles cosas como “si estás gorda no conseguirás a nadie” o “feíta”; incluso, en alguna ocasión, las llamaba a disfrutar del abuso: “Miren, si la violación es inevitable, relájense y gócenlo”.

De igual forma, cuando temía ser denunciado, aprovechaba su cargo de poder para citarlas a su oficina y no presentarse a las reuniones, o peor aún, las abordaba en su automóvil y las abandonaba en cualquier lugar.

Con respecto a posible encubrimiento, la investigación reveló que 15 religiosos habrían estado al tanto de los delitos de Poblete. De ellos siete recibieron información de abusos, cinco afirmaron sólo haber oído rumores, y dos conversaron directamente con alguna de las víctimas. Uno de ellos, Juan Ochagavía, hizo llegar estas denuncias a sus superiores, pero no se siguió investigando el caso.

Los testimonios entregados por los jesuitas no dan para calificar encubrimiento, pero sí se sostiene que dentro de la congregación existe un orden jerárquico que mantenía a Poblete como “intocable“, y que cualquier acusación en su contra era considerada como una amenaza.

 

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