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“Tifus de los matorrales”: Científica de la UCM expone hallazgos sobre enfermedad emergente

La doctora en Ciencias Veterinarias y experta en Zoología, Carolina Silva, informó los resultados de su investigación en torno al llamado “tifus de los matorrales”, a la Sociedad Española de Parasitología.

Los hallazgos científicos más recientes respecto al llamado “tifus de los matorrales” expuso la investigadora de la Universidad Católica del Maule (UCM), Carolina Silva, ante el XXII Congreso de la Sociedad Española de Parasitología (SOCEPA), realizado en Madrid.

Silva, académica de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales del plantel, presentó los resultados de una indagación financiada por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT), a expertos de unos treinta países.

“Pude mostrar la prevalencia del tifus de los matorrales en tres localidades de Chile y en particular de la bacteria Orientia, que produce esta enfermedad”, dijo la doctora en Ciencias Veterinarias, quien focalizó su investigación en Chiloé y Cochamol, Región de Los Lagos, además de Caleta Tortel en Aysén. “Los lugares se escogieron porque allí había casos clínicos confirmados”, explicó.

El tifus de los matorrales es una enfermedad emergente en Chile, que causa infecciones con potencial fatal. Sus manifestaciones típicas guardan similitud con los síntomas del tifus: fiebre, erupciones cutáneas y dolores corporales y de cabeza.

“Los vectores se llaman ácaros trombicúlidos, son muy pequeñitos, de más o menos un milímetro, y de color anaranjado, y están presentes principalmente en roedores silvestres. Cuando una pasa por un matorral que tiene los ácaros, éstos pueden llegar al humano, parasitar y transmitir la bacteria. Donde muerde el ácaro, se genera una mancha necrótica, como la que deja la picadura de una araña de rincón”, señaló la científica.

Variante chilena

Investigadores piensan que la bacteria descubierta en Chile podría ser una variante de la Orientia que se encuentra una zona del Asia Pacífico llamada Triángulo Tsutsugamushi, que abarca desde Japón y Rusia por el norte hasta Australia por el sur, así como Pakistán y Afganistán por el oeste. Fuera de este triángulo, solo nuestro país ha mostrado casos similares, a partir del 2006.

“Las bacterias de Chile y el Asia Pacífico son del mismo género, pero distintas especies. A nuestro país no la trajeron, quizás siempre estuvo acá y no se había descubierto”, sostuvo Silva, quien examinó a los vectores desde el punto de vista molecular, durante una pasantía reciente en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. “El problema es que nosotros como humanos estamos invadiendo nuevas áreas, lo que facilita el encuentro con parásitos que antes no eran frecuentes”, añadió.

Los diagnósticos de “Orientia Chilensis”, nombre que se pretende acuñar para identificar a los ochenta casos detectados hasta ahora en territorio nacional, son de notificación obligatoria al Instituto de Salud Pública (IPS). Sin tratamiento, que se basa usualmente en la administración de antibióticos, la mortalidad alcanza a un 6%.

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